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EN REPUBLICA DOMINICANA EL CARIBE Y EL MUNDO Contexto
mundial para el desarrollo del ecoturismo: obstáculos y desafíos
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Sin biodiversidad, se perderían los colores de la naturaleza, la sonrisa humana y el despertar de inquietudes nuevas que lanzan la vida a la conquista de fases superiores de solidaridad, de calidad de vida y amor profundo hacia los espacios naturales y al insondable mundo de nuestra galaxia, y del universo.
Conociendo el mundo, en sus ensoñadores y diversos ecosistemas y paisajes, con su rica fauna y flora, y penetrando en las culturas propias a cada pueblo, a través de libros y de viajes, de relatos de familiares o amigos, de fotografías y películas, de dibujos animados y artes plásticas..., nos haremos más conscientes del papel que, como seres humanos, jugamos en la Tierra y lo hermoso que es vivir en armonía con la naturaleza.
Cada punto, territorio, océano, mar, río, bosque, laguna, lago, litoral, montaña, valle, y cada forma de vida animada que surge de cada especificidad del planeta, en sus distintas latitudes y en sus definidos meridianos, encuentran su expresión concreta, para disfrute del género humano, en los hoy variados países que conforman la geografía política del mundo.
A principios del siglo XX apenas existían unos 40 Estados, para inicios del siglo XXI tendremos más de 200, sin contar los territorios que aún están anexados a potencias determinadas y que, muchas veces, aspiran a ser Estados libres. La diversidad política de Estados y territorios es producto de procesos de conformación histórica de naciones determinadas, pero también un importante número de Estados ha sido el resultado de conflictos de intereses surgidos entre naciones colonizadoras e imperialistas, que, a través de guerras devastadoras y de rapiñas, destruyeron importantes recursos naturales del planeta. Así, durante prácticamente todo este siglo, de guerras mundiales, civiles, regionales y de injerencias militares sobre naciones libres, conflictos movidos por el afán de ampliación de nuevos mercados, de dominio político y de hegemonía mundial, de ambiciones desmedidas de fracciones de clases y de poder, donde lo económico y militar se ha colocado por encima del bienestar humano y de la puesta en valor de la vida y riquezas naturales que encierra el planeta, los impactos biológico-ambientales de todos estos procesos devastadores y desgarradores de la vida social pesan fuertemente en el devenir del siglo XXI.
En efecto, se prevé que para el 2200, quedarán apenas, de seguir la tendencia actual de destrucción, 20% de las especies animales que hoy se cuentan. Como se ve, estamos en presencia de una labor de destrucción y de extinción sin paralelo en la historia humana. El universo, en cambio, crece día a día ante los ojos humanos, en la medida que avanzan los métodos de observación astrológica, tal como se demuestra al constatar que hasta hace poco sólo se enumeraban unas 89 mil millones de galaxias. Hoy, al término del siglo XX, se registran más de 120 mil millones de estos sub-mundos que, a su vez, son la cuna, cada uno, de millones y millones de estrellas.
Es verdad, que también se descubren nuevas formas de vida en la profundidad de los océanos y en las pocas selvas vírgenes que aún quedan, pero también se observa que el proceso de contaminación, de todo género, es tan acelerado y tan peligroso, que es muy posible que éstas no tengan la oportunidad de llegar a ser conocidas y valoradas en toda su dimensión y variedad por el ser humano.
Los intereses particulares de poderosas naciones y de grandes firmas comerciales, la corrupción administrativa y el enriquecimiento ilícito prevalecientes en un número importante de Estados y economías del mundo, se colocan por encima del interés general de preservar la riqueza en biodiversidad del planeta, la limpieza de sus cursos de agua naturales, la pureza de su aire y la vida sana de las presentes y futuras generaciones. Esto se puso de manifiesto una vez más en la Conferencia de Kyoto (diciembre, 1997), donde si bien es cierto se avanzó -muy tímidamente- en hacer disminuir la emisión de gases -en particular de dióxido de carbono (CO2)- con efecto de invernadero, en esta etapa afectando a los países altamente industrializados (disminución de 7% para los EE.UU., de 8% para Europa, 6% para el Japón, pero 8% de aumento para Australia, objetivos a ser alcanzados entre el 2008 y el 2012), no menos cierto es que los Estados participantes permitieron que se introdujera la posibilidad de hacer prevalecer el principio de "permiso de emisión" negociable, pudiendo un país vender a otro su "derecho a contaminar" -y hasta del poder (llamado borrowing) "de tomarse prestado a sí mismo el derecho de emitir..., es decir, de hacer recaer las obligaciones sobre nuestros descendientes" (en Kyoto no fue aceptado por suerte el borrowing, aunque sí lamentablemente los permisos negociables). "La introducción de este tipo de lógica -pospuesta para una próxima conferencia- iría en contra de la preservación del equilibrio climático". Además, la "protección de la naturaleza no es ‘negociable’. Aplicarle la lógica mercantil, es arruinarla por adelantado. Es verdad que el límite entre la esfera mercantil y la del interés general está en vías de desaparición en las sociedades cuyas fronteras se borran bajo el efecto de la mundialización. Pero, de este hecho, el nivel mundial es el único pertinente para reinventar el interés general y establecer lo que debe escapar al negocio, que siempre es un compromiso. La protección de la humanidad y de sus condiciones de supervivencia es un imperativo sobre el cual ninguna transacción es admisible" (1).
Para el siglo XXI, desde su pronto inicio, el ser humano y el planeta se encontrarán con lo que ya experimentó en carne viva a finales de este siglo que muere: los desechos radioactivos que emanan de los reactores nucleares, civiles y militares, y de la industria de reciclaje de los combustibles irradiados. "Ningún país, al día de hoy, no ha encontrado efectivamente solución para el devenir de estos desechos, los cuales, para ciertos de ellos, seguirán siendo tóxicos durante millones de años, y cuya gestión plantea enormes problemas para la industria nuclear" (2).
Aparte de los grandes riesgos que encierra la proliferación de armas nucleares, la cual quizás permanecerá limitada en los próximos años, lo que más aterroriza al mundo es la creación de otras formas de armas de destrucción masiva, químicas y sobre todo bacteriológicas. Por el momento, "los tratados internacionales que conciernen a estos dos tipos de armamento no contemplan medidas suficientes de control y merecerían importantes modificaciones, y una participación, no sólo de los Estados, sino también de las organizaciones no gubernamentales" (3).
La crisis del agua, fenómeno en expansión a nivel mundial, y factor que ha de acelerar en el siglo XXI, de no encontrarse una solución adecuada a dicha crisis, los conflictos políticos (territoriales y bélicos) entre países y regiones determinados, o sea altamente atentatorio contra la paz, es otro aspecto que debe llamarnos seriamente la atención si realmente queremos conservar los ricos espacios verdes naturales, la fauna y la flora, y la salud humana, sin lo cual es imposible desarrollar las actividades ecoturísticas.
De ahí, la trascendencia de los humedales -o "riñones del planeta", como se les suele llamar, necesarios para mantener la riqueza en especies del planeta e imprescindibles para el mantenimiento de los sistemas hídricos que sustentan la vida humana- en la búsqueda de soluciones a la crisis mundial del agua, pero también en el desarrollo económico y, de manera particular, del turismo ecológico.
Sin una regulación adecuada del caudal del agua, se perderían las formas más dinámicas de vida natural que constituyen el soporte de las actividades ecoturísticas. Veamos. "Muchos ríos siguen siendo una fuente segura de agua durante todo el año debido a que el caudal se desvía del cauce principal a las zonas de turberas, pantanos y ciénagas de la cuenca. Los humedales son causa de que el agua de la estación de lluvias fluya más lentamente, lo que amplía a épocas más secas el período en el que puede disponerse de agua. Si se rectifican las corrientes y se eliminan los bosques y pantanos de las tierras altas, las riadas que siguen a las tormentas provocan el caos, y la aceleración de las escorrentías no deja nada para sequía del verano. Desde el punto de vista hidrológico, el avenamiento y arado de las llanuras aluviales y los humedales ribereños tiene efectos similares a la pérdida de bosques de montaña" (4).
Así, la comunidad internacional ha de aceptar que los sistemas hidrológicos, o cursos de agua naturales, tienen una capacidad de resistencia limitada a las agresiones de la especie humana. "No podemos continuar contaminándolos, regulándolos, privándoles de agua y explotándolos para obtener alimento y desarrollo económico. Nuestra prioridad debe ser la protección de aquellos atributos que son críticos para su existencia. Los humedales son uno de los elementos vitales que contribuyen a la existencia de los cursos de agua de donde provienen nuestros alimentos y el agua que bebemos, y sin embargo continuamos permitiendo su destrucción en todo el mundo" (5). Estos ecosistemas alterados, degradados o modificados demandan su pronta restauración y rehabilitación.
Alrededor de 6.4% de la superficie terrestre mundial, o sea uno 8,600,000 km2, (superficie superior a la de Europa), están cubiertos por humedales. "Hay humedales en todos los continentes, excepto en el Antártico, y en todos los climas, desde los trópicos a la tundra" (6). Al destruirse en el mundo, desde 1990 a la fecha, alrededor del 50% de los humedales, se está limitando seriamente el derecho a la vida y el desarrollo de actividades productivas en favor del ser humano. "La regulación de los sistemas hidrológicos y el venamiento en beneficio de la agricultura y del desarrollo urbano han sido las causas principales de la pérdida de más del 50% de los humedales en países como los Estados Unidos, Nueva Zelandia, Australia, el Pakistán, Tailandia, Níger, el Chad, Tanzanía, la India, Vietnam e Italia" (7).
Es indiscutible que el crecimiento demográfico en las condiciones actuales, anárquico y con poblaciones urbanas cada vez más numerosas -sobre todo en los países con más desigualdades económicas y sociales-, así como el afán de provocar el crecimiento desmedido de actividades turísticas de masa e industriales en los litorales, presionan la vida de los humedales, al tiempo que altera toda forma de convivencia humana en armonía con la naturaleza. De esta forma, se van perdiendo las posibilidades de que los humedales provean, aparte de su inconmensurable aporte a la vida natural, importantes ingresos para las poblaciones, producto de la pesca y del ecoturismo. "Humedales como Kakadu National Park en Australia, Okavango en Botswana y el Pantanal en América del Sur son visitados por miles de turistas al año, con los consiguientes beneficios para la economía local" (8).
Políticas e incentivos determinados en favor de sectores específicos, producto de un comercio que sólo parte de la rentabilidad a corto plazo, alteran, asimismo, el equilibrio de la producción y conducen a la pérdida de los humedales, como sucede, por ejemplo, con la demanda mundial de camarones de elevado precio, procedentes de viveros acuícolas. "La ausencia de normas legislativas o su inaplicación pueden ser también causa de la pérdida de los humedales, especialmente cuando los reglamentos para controlar la contaminación del agua no son adecuados" (9).
Mientras persista esta crisis del agua -acompañada del reto que tiene la humanidad de proporcionar agua salubre a mil millones de personas que carecen de ella y servicios higiénicos adecuados a 1,700 millones de personas -de las 6,000 millones que viven en el planeta- (10) que aún no tienen cubierta esa necesidad, es difícil que se pueda disfrutar a plenitud de los encantos que nos ofrece la naturaleza a nivel mundial.
Todo lo contrario, por el tipo de actividades que hoy tienden a predominar en la vida social y por los recursos que son canalizados a sectores especulativos, de simples negocios, sin alcance humano, negadores del progreso y de la vida por su manejo como ruleta de juegos, trasladándose los capitales de un lugar a otro, sin ton ni son, para satisfacción de unos cuantos grandes jugadores, que dejan tras de sí naciones y Estados debilitados, endeudados y avasallados, y pueblos viviendo en el desempleo, el hambre, la pobreza y la indigencia, con su secuela de destrucción de fuerzas productivas, colocados al margen del desarrollo científico y de los avances de las comunicaciones, con su internet y sus más de quinientos canales de televisión...es difícil que la humanidad pueda disfrutar a plenitud, en el corto plazo, de los encantos que nos ofrece aún la naturaleza.
Humanizar la vida mundial, única forma de auténtica globalización o mundialización, de un solo mundo, es imprescindible para que florezcan las actividades sanas, basadas en la solidaridad, en la libertad creadora, en el amor a la naturaleza y su biodiversidad, y en la expansión del espíritu.
Los distintos peligros que provoca el crecimiento económico o las vías más rápidas para la obtención de pingües beneficios en favor de unos cuantos -sean Estados, empresas, individuos o familias-, así como el carácter altamente especulativo del crecimiento de las transacciones financieras -más del 90% de los cerca de dos billones de dólares que por día entrarán para el 2000 a los circuitos financieros internacionales serán (y ya lo son) de carácter especulativo-, llaman a la reflexión y a la acción conjunta de pueblos y Estados del mundo para que prevalezca la transparencia, la información y discusión abiertas -sin que la razón pierda jamás su permanente despertar y, por tanto, su esencia crítica y creativa- a toda la ciudadanía en el manejo de nuevas tecnologías y en la aplicación de métodos de producción y usos de fuentes energéticas, así como de los flujos de capitales internacionales, a fin de que el desarrollo se produzca en función de los intereses generales y que, por tanto, favorezca la expansión de la vida, individual y colectiva, en sus distintas manifestaciones.
La centralización de las riquezas y la inversión de los recursos -no en la dirección de sanear, ordenar, rescatar y preservar la naturaleza, los territorios y el medio ambiente, todo en armonía con el ser humano, impide que prevalezca la paz mundial y que el mundo sea solidario en la solución de los problemas que afloran cada día con mayor fuerza en la faz de la tierra. Ciertas firmas han alcanzado dimensiones titánicas. Su valor de venta es a veces superior al producto nacional bruto (PNB) de numerosos países desarrollados, como son los casos de la General Motors, con un volumen de venta mayor al PNB de Dinamarca, y de la Toyota, superior al PNB del Portugal (11).
Asimismo, el monto de recursos financieros que manejan esas multinacionales es por lo regular superior a los ingresos presupuestarios de los Estados, y mayor, en muchos casos, a las reservas de cambio en manos de bancos centrales de grandes Estados (12).
En este contexto, se está en presencia de un "espectáculo insólito: el avance en potencia de firmas planetarias, frente al cual los contra-poderes tradicionales (Estados, partidos, sindicatos) parecen cada vez más impotentes. El fenómeno principal de nuestra época, la mundialización, ya no es dirigido por los Estados. Frente a las firmas gigantes, éstos pierden de más en más sus prerrogativas. ¿Los ciudadanos pueden tolerar este tipo de golpe de Estado planetario de nuevo tipo?"(13).
Recordemos que la información -concentrada también en pocas manos-, tal como nos la ilustra el escritor portugués José Saramago, premio Nóbel de literatura de 1998, en una conferencia que dictara en Alicante, España, el 29 de marzo de 1995, "sólo nos hace más sabios y más buenos si nos acerca a los hombres. Ahora bien, con la posibilidad de acceder, de lejos, a todos los documentos que necesitamos, el riesgo de deshumanización, y de ignorancia, aumenta. En lo adelante, la llave de la cultura no reside en la experiencia y el saber, sino en la aptitud para buscar la información a través de los múltiples canales y fuentes que ofrece Internet. Se puede ignorar el mundo, no saber en qué universo social, económico y político se vive, y disponer de toda la información posible. La información deja de ser así una forma de comunión. ¿Cómo no lamentar el final de la comunicación real, directa, de persona a persona -del ser humano con la naturaleza, agregaríamos nosotros-? Pronto, tendremos la nostalgia de la antigua biblioteca; salir de su casa, hacer el trayecto, entrar, saludar, sentarse, solicitar un libro, tomarlo en sus manos, sentir el trabajo del impresor, del encuadernador, percibir las trazas de los lectores precedentes, los dedos que pasaron esas páginas, palpar los signos de una humanidad que ha paseado en ellas su mirada de generación en generación..." (14).
¿De qué nos serviría la comunicación si no nos acerca a conocer mejor la naturaleza, valorándola con nuestros propios ojos, tocando y sintiendo sus especies y sus encantos con nuestras manos y sentimientos, y penetrando en el mundo de sus culturas humanas con nuestros propios pies, yendo de pueblo en pueblo, de campo en campo, por montañas y ríos, mares y pantanos, bosques y desfiladeros, cabalgando en los filos de los farallones y navegando en las colinas de los arrecifes coralinos, buceando en las profundidas de los lagos y océanos -con sus seres extraños y lumínicos-, hasta reaparecer en los manglares donde florece la vida de peces, plantas y aves, como puente que une el azul de las aguas con el ocre de los territorios o las verdes campiñas que se extienden por el planeta?
Con razón, resuena la voz y la razón siempre despierta, crítica, vigilante y constructiva, de José Saramago, cuando establece: "Impresionados, intimidados por el discurso modernista, la mayoría de los ciudadanos capitulan. Aceptan adaptarse al nuevo mundo que se nos anuncia como inevitable. Ya no hacen más nada para oponérsele. Son pasivos, inertes, hasta cómplices. Dan la impresión de haber renunciado. Renunciado a sus derechos y deberes. En particular, al derecho de protestar, insurreccionarse, de levantarse. Como si la explotación habría desaparecido y la manipulación eliminada de los espíritus. Como si el mundo estuviese gobernado por bobos, y como, si de repente, la comunicación se hubiese convertido en un asunto de ángeles" (15).
El ser humano no puede ceder ante las presiones económicas y culturales, de alienación y enajenación, que quieren perpetrar contra los pueblos y la vida natural, con su alegría del vivir y su diversidad de especies, los enemigos de la vida, no importa el ropaje que exhiban para venderse como el mejor postor, el más eficiente del mercado o el menor de los impostores.
Unir la economía a la naturaleza, y la acción humana a
la biodiversidad, así como enlazar el arte a la naturaleza -porque
la vida natural en sus más diversas manifestaciones es, en fin de
cuenta, el taller de techo color azul donde se pueden alcanzar las expresiones
más elevadas del arte y, por tanto, del pensamiento humano-, es
pensar en nuevas formas de vivir, en estrechar esfuerzos de pueblos y naciones,
de aldeas y regiones, en pos de un mundo protegido con visión de
futuro y ensanchado de forma prudente, consciente y racional por sus habitantes.
(1) Chemillier-Gendreau, Monique, "Marchandisation de la survie planétaire" (Mercantilización de la supervivencia planetaria), Le Monde diplomatique, París, Francia, enero 1998, p.3.
(2) Boilley, David, "Ces déchets nucléaires dont on en sait que faire" (Estos desechos nucleares con los cuales no se sabe qué hacer), Le Monde diplomatique, París, enero 1998, p.4.
(3) Achcar, Gilbert, "Le spectre du ‘bioterrorisme’" (El espectro del "bioterrorismo"), Le Monde diplomatique, Francia, julio 1998, p.18. El autor resume en un recuadro las convenciones y tratados que han sido firmados desde 1925 hasta la fecha para evitar la proliferación de armas nucleares y el uso de armas químicas, mostrando a la vez los límites de los mismos, incluyendo en sus cláusulas la prohibición de ventas de material y de informaciones para la fabricación de armas químicas y bacteriológicas -siendo éstas, por cierto, menos onerosas y fácilmente disimulables.
(4) Oficina de la Convención sobre los Humedales, Ramsar, Irán, febrero 1998. Para mayor información sobre el tema, Oficina de la Convención de Ramsar, Suiza, E mail ramsar@hq.iucn.org).
(5) Idem.-
(6) Idem.-
(7) Idem.-
(8) Ver idem.-
(9) Idem.-
(10) Ver idem.
(11) Ver Chesnais, François, "La mondialisation du capital" (La mundialización del capital), Syros, París, 1997, p.251. Ver también a Ramonet, Ignacio, "Nouveau siècle" (Nuevo siglo), Le Monde diplomatique, enero 1999, París, Francia, editorial, p.1.(12) Ibid., p.253.
(13) Ramonet, Ignacio, "Firmes géantes. Etats nains" (Firmas gigantes. Estados enanos), Le Monde diplomatique, París, junio 1998, editorial, p.1.(14) Bolaños, Federico, "El impacto biológico. Problema ambiental contemporáneo", Col. Posgrado, Universidad Nacional Autónoma de México, México 90, pp.166-167.
(15) Ibid., p.167.(16) Ver ibid., pp.167-168.
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noviembre 10 1999